Raúl García Raya no necesita casi presentación. Quien haya oído hablar de él puede imaginarse a una persona carismática, envuelta por un cierto halo de misterio, albergando en su mirada las anécdotas y los mayores secretos de la farándula de los setenta.
Aparece tras la puerta azul, con un aspecto como de guiri-bohemio. Lleva una gorra de Tailandia, pañuelo anudado al cuello, camisa de cuadros y gafas de sol Ray-ban. “No me hagas las fotos así”, me avisa. (De hecho, vuelvo otro día para hacérselas).
Me recibe en su mítica casa, conocida por todos los leperos y visitantes de la playa de La Antilla por su peculiar decoración, que aún mantiene entre sus paredes recuerdos y esculturas de la que no solo fue su época dorada, sino una de las etapas culturales más prolíficas de Lepe.
“Yo le di a Lepe grandes subidones”. Y tanto. El Club Raúl, que estuvo abierto desde 1962 hasta 1992, acogió conciertos de los grandes artistas nacionales e internacionales que estaban justamente despegando. Engrandeció a la localidad de Lepe, poniéndola en el mapa: “Por aquél entonces, Lepe era pequeñito y estaba muy mal señalizado”. De hecho, a Punta Umbría fue a recoger a Serrat, Lolita y Camarón.“Este último se perdió porque tanto el chófer como él vendrían a gusto”. También la engrandeció en el sentido literal: llegó a pedir al Ayuntamiento de Huelva que pusieran un letrero más grande.
Ahora mismo, su casa, de paredes blancas y realces en azul, lleva 4 meses en obras, después de que el 5 de diciembre del año pasado pasara un temporal que casi no le coge de milagro. Me cuenta que incluso han tenido que reponer buena parte del tejado, y entre pensativo y frustado, intenta recordar una palabra que le pregunta a un obrero que está por allí:
- ¿Qué nombre tienen las chapas del tejado de este chalé?
- De uralita
- ¡Eso!
Entonces me mira y sentencia: “Me cago en los 86 años”.
Se le olvidan las palabras. Dice que esta será la última entrevista que conceda. Pero aunque los años pasan por todos, él continúa teniendo un carisma y una habilidad social feroz. Pareciera que ya lo hubiera contado todo, pero Raúl tiene aún muchos secretos en la manga. “¿Quieres un aguardiente?” Me pregunta nada más sentarnos a conversar.
Ese mismo carisma fue el que le permitió ganarse la confianza de grandes cantantes que cuidaba con mimo: “Todas las artistas entraban al camerino con un ramo de flores espectacular”. También les invitaba a comer para que conocieran la gastronomía de Huelva, una de sus mejores tácticas para estrechar vínculos con grandes nombres como Rocío Jurado, con la que creó la más increíble amistad.
Así, durante 30 años contrató a los mejores cantantes nacionales e internacionales sin miedo al gasto: “hoy en día no hay ningún pueblo ni una capital en la que un tío con su dinero se arriesgue a traer a tales artistas.” Y muchos de ellos repetían: los que más fueron Paco Toronjo (15 veces), Lola flores y Rocío Jurado (7 veces), seguidas de Rafael y Miguel Bosé (4 veces).
En las puertas de su casa veo cómo quedan los marcos vacíos donde antes estaban las fotos con cada uno de los nombres de los artistas escritos a rotulador negro, que fueron cedidas en 2021 para nutrir el museo del Castillo de Lepe donde se guarda el más exhaustivo archivo del club.
Esos retratos pueden haber desaparecido de las paredes de su casa, pero las vivencias y las anécdotas que Raúl vivió con ellos, siguen más vivos que nunca en su imaginario. Su historia da verdaderamente para escribir un libro. Y es que Raúl conoció de primera mano a los artistas más grandes que España ha dado, conociendo sus manías, sus gustos e incluso su parte más humana. En este paso por la historia del legendario Club Raúl no solo repasaremos sus mayores hitos, sino que indagaremos en las anécdotas más alucinantes de Raúl con artistas de la talla de Rocío Jurado, Lola Flores, Rafael, Julio Iglesias, Raffaella Carrá y muchos más.



