Raúl García: “Con Julio Iglesias perdí cuatro millones pero le gané un pleito”

 

De entre una pila de fotografías amontonadas sobre una silla de un cuarto trastero, Raúl rebusca los marcos donde se asoman caras conocidas como la de Rocío Jurado o Bertín Osborne. “Hay algunas que conservo”. El resto de fotografías, han pasado a formar parte del Museo Castillo de Lepe, donde se guarda el archivo fotográfico del Club Raúl desde 2021.

Raúl saca el retrato que estaba buscando: una fotografía de él con Julio Iglesias en la que sus rostros plasman una tensión que traspasa los límites del papel fotográfico.“Yo pensé que me iba a pegar un puñetazo”, concede. Pero para entender sus caras, tendremos que viajar al pasado.

El Club Raúl daba el pistoletazo de salida con el buen tiempo, marcado en el calendario con el inicio de la romería de Lepe. Ya en junio, comenzarían a venir los primeros artistas hasta finales de septiembre, cuando el club cerraba sus puertas.

Era durante los meses de invierno cuando Raúl pensaba y programaba a qué artistas contrataría el verano siguiente, para lo que contaba con la ayuda de su mánager sevillano Luis Cabello. Ambos habían acordado que en la programación figuraría un Julio Iglesias en plena carrera meteórica. El mismo, firmó un contrato por 5 millones de pesetas para actuar en el club Raúl, una significativa suma de dinero con la que, por aquél entonces, “podías comprar media playa de La Antilla”.

Pero poco tiempo antes de la actuación de Julio Iglesias, Raúl recibió un justificante médico de un ginecólogo amigo del padre del artista, en el que se justificaba el impedimento a actuar por un dolor de riñones. “Yo no me lo creí”. Su intuición no le engañó, porque pocos días más tarde, Raúl leyó en la revista 10 Minutos la noticia de que Julio Iglesias celebraría su aniversario de bodas con Isabel Preysler en Málaga, justo el mismo fin de semana de su actuación.

Ahí fue cuando Raúl decidió tomar cartas en el asunto. Contactó a su mánager Luis Cabello, su mano derecha, y este rápidamente contrató a un notario y a un abogado, y los 4 emprendieron una misión detectivesca por Málaga. El cometido sería buscar testigos que confirmaran que Julio Iglesias no estaba impedido por un dolor de riñones,“sino de juerga por Málaga”, fallando indebidamente a su contrato.

No tardaron en encontrar al primer testigo. Se trataba de un chófer que aseguraba haber desplazado a Julio Iglesias ese mismo fin de semana. Con papel y boli en mano, el notario, el abogado y Raúl le ofrecieron firmar su testimonio a cambio de 25000 pesetas, a lo que este accedió sin dudarlo. Después, siguieron la misma dinámica con uno de los camareros que había servido a la pareja en el mejor restaurante de Málaga, y con un portero de discoteca que dio fe de haber visto a Julio Iglesias y la Preysler bailando en la pista de baile.

Con las pruebas en mano, llevaron a Julio Iglesias a juicio. No obstante, los resultados no fueron los esperados: “El problema es que llevé a un abogado malo y ganó Julio Iglesias”. Pero Raúl García no cesó en sus intentos. Había escuchado en palabras de Martín Berrocal, padre de Vicky Martín Berrocal, que había un abogado “que te cobra un millón de pesetas, pero ganas el juicio”. Esperanzado con dichas palabras, Raúl emprendió el viaje a Madrid, donde finalmente el juez sentenció con los testimonios aportados que Julio Iglesias había fallado indebidamente a su contrato y debía actuar gratis el día que la empresa deseara.

“Yo pedí dos días: uno en julio y otro en agosto, y también exigí que pidiera perdón a Lepe”.

Cuando Julio Iglesias volvió el agosto siguiente, Raúl revela que la tensión se palpaba en el ambiente: “la cara era para verlo”. Se hicieron la mítica foto antes de su actuación y Julio Iglesias acometió lo dictado en su sentencia: ante un público expectante, se disculpó por su ausencia el año anterior y dio el espectáculo cantando sus hits, entre los que quizá cantaría -a su pesar- "Soy un truhán, soy un señor".

Así, una vez más, Raúl se salió con la suya: “Con Julio Iglesias perdí cuatro millones pero le gané un pleito”, dice con un orgullo aún vivo en sus ojos. No es para menos: hay muy pocos que puedan decirlo.